Sistema Digestivo
El acelerado ritmo de vida y la práctica de ciertos algunos hábitos nocivos, como el tabaco y el consumo de café, son las causas más frecuentes de los trastornos del aparato digestivo que se registran en la actualidad. Casi todos tenemos un problema digestivo en algún momento de nuestra vida. Algunos trastornos, como la indigestión o la diarrea, son comunes; resultan en malestar leve y mejoran por sí mismas o son fáciles de tratar. Otros, como la enfermedad intestinal inflamatoria, pueden durar mucho tiempo o ser muy problemáticas. Muchos de ellos pueden ser corregidos mediante cambios en el estilo de vida, por ejemplo, modificando la alimentación y con el consumo de suplementos nutricionales.
Existen también problemas digestivos no-congénitos (que se adquieren después de nacer) provocados por medicamentos recetados y, muchas veces, para repararlos es necesario recurrir a la cirugía.
TRASTORNOS DIGESTIVOS MÁS COMUNES
• Estómago e intestinos
Casi todos hemos tenido diarrea o padecido estreñimiento en algún momento. Con la diarrea, las contracciones musculares desplazan el contenido de los intestinos con demasiada rapidez y no hay tiempo suficiente para que el agua se absorba antes de que las heces sean eliminadas del organismo. El estreñimiento es lo contrario: El contenido del intestino grueso no se desplaza lo suficientemente rápido y los materiales de deshecho permanecen en el intestino grueso durante tanto tiempo que se elimina demasiada agua y las heces se endurecen. Algunos otros ejemplos de trastornos comunes de estómago e intestinos, son:
Infecciones gastrointestinales. Pueden ser causadas por virus, bacterias o parásitos intestinales. Los síntomas comunes de las infecciones gastrointestinales son dolor o cólicos abdominales, diarrea y, a veces, vómitos.
Apendicitis. Es una inflamación del apéndice, la bolsa en forma de dedo que se extiende desde el ciego, ubicada en la parte inferior derecha del abdomen. Los síntomas clásicos de apendicitis son dolor abdominal, fiebre, pérdida de apetito y vómitos. Las personas afectadas con mayor frecuencia por la apendicitis son los niños y adolescentes entre los 11 y 20 años. La apendicitis requiere cirugía para su corrección.
Gastritis y úlceras pépticas. En condiciones normales, el estómago y el duodeno son extremadamente resistentes a la irritación por los potentes ácidos producidos en el estómago. A veces, sin embargo, una bacteria denominada Helicobacter pylori, o el uso crónico de algunos medicamentos debilitan el revestimiento mucoso protector del estómago. Esto puede irritar e inflamar el revestimiento del estómago (gastritis) o provocar úlceras pépticas, que son llagas o perforaciones que se forman en el revestimiento del estómago y provocan dolor o hemorragia.
Enfermedad intestinal inflamatoria. Es la inflamación crónica de los intestinos que afecta a niños más grandes, adolescentes y adultos. Hay dos tipos principales: colitis ulcerosa, que por lo general afecta al recto y el intestino grueso y la enfermedad de Crohn, que puede afectar a todo el tracto gastrointestinal, desde la boca al ano hacia otras partes del organismo. En algunos casos, la cirugía puede ser necesaria para extirpar secciones del intestino inflamadas o dañadas.
• Páncreas, hígado y vesícula biliar
Éstos suelen afectar la capacidad de producir enzimas y otras sustancias que ayudan a la digestión. Algunos ejemplos son:
Fibrosis quística. Es una enfermedad crónica, hereditaria, en la que la producción de moco anormalmente espeso bloquea los conductos o pasajes en el páncreas e impide que sus jugos digestivos ingresen a los intestinos, dificultando para una persona con esta enfermedad, la digestión correcta de proteínas y grasas. Esto hace que nutrientes importantes salgan del organismo sin ser aprovechados. Para ayudar a manejar estos problemas digestivos, las personas con fibrosis quística pueden tomar enzimas digestivas y suplementos nutricionales.
Hepatitis. Es una infección viral en la que el hígado de una persona se inflama y puede perder su capacidad funcional. Algunos tipos de hepatitis viral son muy contagiosos. Los casos leves de hepatitis A pueden ser tratados en el hogar; sin embargo, los casos graves que incluyan daño al hígado podrían requerir hospitalización.
La vesícula biliar puede desarrollar cálculos e inflamarse, una enfermedad denominada colecistitis. Si bien los trastornos de la vesícula biliar son poco frecuentes en niños y adolescentes, pueden ocurrir cuando el niño o adolescente tiene anemia de células falciformes (o anemia drepanocítica) o en niños que están siendo tratados con ciertos medicamentos durante períodos prolongados.
En general, la clase y la cantidad de alimentos que una persona come, así como la manera en que el aparato digestivo procesa dichos alimentos, juegan roles fundamentales en el mantenimiento de una buena salud. La ingestión de una dieta sana acompañada de suplementos nutricionales es la mejor opción para prevenir los trastornos digestivos más comunes.
FUENTE: NUTTRÉ / THE NEMOURS FOUNDATION
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